martes, 20 de enero de 2015

Una carta para mi hija...

Querida hija:
Parece mentira que ya pasaron casi tres meses de aquel día en que nuestras miradas se cruzaron por primera vez, todavía recuerdo tus ojitos claros mirando el nuevo mundo, tu pequeña manito se aferró a mi dedo, iniciando este camino maravilloso que es la maternidad. Ser mamá, esta nueva identidad que me diste y de la cual disfruto aprendo a cada segundo, con mi instinto como única guía y mis sentimientos a flor de piel.
Parece un sueño mirar atrás y recordar todo lo que pase en el parto para poder tenerte, tu primer llanto, tu primera sonrisa, tu primer baño, tu carita dormida mientras tomabas el biberón por primera vez...y hoy te veo tan grande, tan hermosa, tan buena y cariñosa y le doy gracias a Dios por darme la oportunidad de haber sido testigo preferencial de esos momentos de ser madre. Y me enojo con el tiempo por haber pasado tan rápido, y dejarte crecer tan rápido. Me aterra la idea que crezcas en este mundo tan loco, tan convulsionado, tan violento, donde los principales valores se han perdido, donde la gente se ha vuelto egoísta, donde los sentimientos no tienen valor, donde no hay libertad de expresión y los ideales ya no existen.
Quisiera que te quedes ahí, en tu mundo perfecto e inocente, siendo princesa, protagonista de tu cuento, que juega libremente sin peligros, sin pensar lo que vendrá mañana, sin preocupaciones económicas, sin mal de amores, ni nada de esas cosas que tiene la vida, quisiera que te quedes ahí disfrutando la vida desde la inocencia de tu niñez...y es que que duele sentir que en cada día que pasa te alejas un poquito más , te haces grande y vas dando señales de la gran mujer que vas a ser en un futuro y de la cual yo soy la escultora.
Y así como te veo grande y hermosa, te vuelvo a ver pequeñita e indefensa cuando lloras y queriendo estar en mis brazos y no en la cuna, cuando no quieres estar sola ni un instante y te tengo que llevar conmigo, cuando te meto en mi cama porque no eres capaz de dormir sin que te acaricie el pelo etc. Porque sabes que ahí estoy para ti, exclusivamente para ti, como estaré siempre, aunque pasen los años, mamá siempre va a estar, haciéndome fuerte y tomando coraje, volviéndome invencible, defendiéndote a capa y espada, siendo capaz de todo.
Princesa mía hoy te deseo muchos días felices, muchas horas de juego, risas y alegría, muchos cuentos de hadas y princesas, para contar por las noches, muchos sueños bonitos, muchos días saludables, muchas canciones para cantar y bailar juntas, muchas ideas originales para compartir y jugar, muchos besos y mimitos para endulzar nuestros días,muchas bendiciones, mucha luz, mucha paz pero sobretodo, mucho pero mucho amor!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
Te amo Miranda.
Tu Mamá

2 comentarios:

  1. ¡Preciosa carta! Me ha parecido tan auténtica y conecto tanto con lo que has escrito... que me he animado a dejarte este mensaje, que seguramente es el primero que publico en un blog.

    Lo único que me ha chocado ha sido la idea de ser la escultora de los/as hijos/as. La vida entera esculpe a nuestros/as hijos/as y a nosotras mismas. Y por eso, quizá, las obras que las mamis tenemos que esculpir sean las que conforman la vida. Ahora bien, coincido contigo en que nuestra influencia y nuestra forma de dar cobijo y cuidados a nuestros/as hijos/as es de vital importancia.

    Y por algún motivo... me viene dejarte aquí sobre ello este poema de Kahlil Gibran.

    Tus hijos no son tus hijos
    son hijos e hijas de la vida
    deseosa de sí misma.

    No vienen de ti, sino a través de ti
    y aunque estén contigo
    no te pertenecen.

    Puedes darles tu amor,
    pero no tus pensamientos, pues,
    ellos tienen sus propios pensamientos.

    Puedes abrigar sus cuerpos,
    pero no sus almas, porque ellas,
    viven en la casa del mañana,
    que no puedes visitar
    ni siquiera en sueños.

    Puedes esforzarte en ser como ellos,
    pero no procures hacerlos semejantes a ti
    porque la vida no retrocede,
    ni se detiene en el ayer.

    Tú eres el arco del cual, tus hijos
    como flechas vivas son lanzados.

    Deja que la inclinación
    en tu mano de arquero
    sea para la felicidad.

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